¡de bandera la ilusión!

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una Florencia de 19 años se calzó las zapatillas que le había regalado una amiga. vestía una pollera negra y una musculosa rosa. se peinó con dos colitas en el pelo largo, lacio. y salió a hacer un trámite. ese jueves de verano la calle estaba semi-vacía. ella salió contenta. caminó y caminó y recuerda aún hoy haberse preguntado si la gente sabría adónde iría ella esa noche. por fortuna o por desgracia, no lo sabía nadie. ni siquiera ella.
volvió a su casa, se encontró con su amor. como en cualquier ritual, pidieron comida. esa Florencia discutió con su mamá, y revolvió todo el placard en busca de un cepillo de pelo que nunca encontró hasta que, un par de días más tarde, otra Florencia lo encontrara. dejó toda la ropa tirada en el piso. y se fue con él. enojada y todo. así se fue. cerró la puerta sin saber que. sin saber.
caminaron juntos hasta el cinco, se lo tomaron como el día anterior. todo igual. bajaron en plaza once. había mucha gente, nada había empezado. ellos lo sabían. el día anterior había sido igual. hacía calor, la petrobrás tenía aire. ahí fueron. tomaron agua. se quedaron ahí un buen rato. después salieron y con el resto de agua se mojaron, jugaron al carnaval como hacían siempre. se rieron. la Florencia se acomodó el peinado, se volvió a emprolijar. no se arrepintió de no haber llevado abrigo, no lo iba a necesitar. él cargaba una riñonera cruzando su pecho, ahí guardaba los cigarrillos, los documentos y la poca plata que llevaban.
hicieron la fila, se repartieron las entradas. ella una, él otra. en cinco minutos volverían a estar juntos. esa Florencia quiso entrar la botella vacía de agua para rellenarla en el baño. no se lo permitieron. refunfuñó, se sacó las zapatillas. la revisaron. se sentó en el piso a acomodarse y ahí lo vió. se volvieron a juntar. tocaba ojos locos, era irrespirable. se quedaron sentados los dos juntos, sobre las puertas, mirando para afuera. esa Florencia no podía creer que hubiera una chica embarazadísima entrando a un recital. esa Florencia vio dos enfermeros de emergencia entrar al lugar, todos de blanco, todos de puro. no se sorprendió.
terminaba la banda, era hora de buscar un lugar. era irrespirable. la Florencia busca ir al baño, pero no se podía pasar. gracias. entonces se ubican donde siempre. al costado, cerca de las boleterías cerradas, cerca de esas vallas donde se sienta la gente a escuchar tranca. ahí. pero era irrespirable. entonces se sentaron para que haya más aire. se abanicaron con los documentos. morir queriendo ser libre, encontrar mi lado salvaje. no lo soñé. y una bengala. me fue más fácil intentar la vida que perderla al intelecto y la conformidad. y mil voces.
la voz de siempre pidió que apagaran las bengalas. sabía lo que podía pasar. sabía cuánta gente había. sabía que había una sola puerta abierta. y aún así se animaba a prepotearlos. a insultarlos. a intentar persuadirlos desde el lugar equivocado. y la gente se hizo oír. la Florencia, como cada noche, se río. pobre.
salió mr showman. la Florencia se paró, sabía que ya iban a salir. y se preparaba para agitar algunos rocanroles irresistibles. se quedaron juntos mientras el showman decía sus giladas. salieron ellos. dijeron un par de boludeces, las mismas de siempre. arrancaron con el pie derecho: el tema preferido de esa Florencia del último disco. lástima. la gente estaba sacadísima y a la Florencia no le gustó la idea de subirse en hombros en ese momento. se prende una bengala a su lado, se abre un círculo de gente. agitan banderas alrededor. ella no puede creer que todo esto suceda a 2 metros de su persona, asíque se queda mirando eso teniendo cuidado de no quemarse. la música seguía, pero patricio parecía desconcentrado. la gente coreaba las partes que él dejaba mudas. Florencia también.
en algunos momentos pareció demasiado colgado y ahí fue que los instrumentos también comenzaban a fallar. la gente comenzó a dispersarse desde el medio del lugar rumbo a los costados. y se armaban pedacitos de avalanchas rumbo a la salida. se habrán cagado a piñas? maybe. paró la música. sí, se armó groso entonces. se corrieron contra la valla. “se incendió el techo”, dijo él. y ella pensó que ya se iba a apagar. se quedó quietita, junto a él. comenzó a ver pedazos de tela encendida caer desde arriba. “uh, no”, dijo él. y para ella el mundo se detuvo ahí. si él tenía miedo, qué quedaría para ella. se cortó la luz y la gente ya corría desesperada. ella en su tranquilidad buscó subirse a la valla para no quemarse los pies si el fuego llegara hasta ahí. la valla comenzó a vencerse por la gente apretada contra ella intentando huir para donde creían que era la salida. entonces él la tomó de la mano y se la fue llevando hacia lo que ambos recordaban que era por donde habían entrado. chocaron contra la barra. iban bien. las manos se les resbalaban por el calor. el humo se les metía hondo en el pecho cuando pegaban bocanadas buscando aire. comenzaban a toser todos, y a buscar aire donde ya no había. entre algunos gritos se escuchaban no me quiero morir acá, boluda. y ahí cayó. los papás de Florencia se enterarían por los diarios que ella había muerto en un incendio. pobres. ellos la habían cuidado tanto toda la vida. ella no había probado un cigarrillo. no tomaba alcohol. y ahí se iba a morir, ahogada y quemada viva. no le alcanzaba la poca fuerza que tenía en el cuerpo para seguir, pero la cabeza seguía pensando en sus papás. y en su novio. y le dijo que lo amaba. por las dudas. se despidió. se cayó una, dos, tres veces. él la levantó. se cayó una cuarta vez y él cayó con ella. era el fin. él estaba inconciente pidiendo ayuda pero sin poder escuchar los ruegos de la Florencia que yacía en el piso intentando reanimarlo con agua que encontró en el piso, mientras la pisaban los pies que desesperados buscaban esa única salida que había para ellos. él nunca reaccionó. ella escapó su alma en un grito y se rindió. no iba a salir sin él. algunos chicos entraron y tomaron a esa Florencia de las manos. ella pensó que estaban buscando a los suyos, y necesitaban moverla. pero no. sin mirar signos vitales, sacaron su cuerpo de ahí y lo llevaron a la vía pública. ella pensaba, estaba alucinando, o no sabe. no respondía su cuerpo, pero su mente sí. la mojaron, la apantallaron. se la llevaron para otro lado más tranquilo al ver que estaba bien. se desesperó al encontrarse sola en el medio de miradas desorbitadas -tanto o más que la suya propia- y sin saber si él había logrado salir de ahí. dio dos pasos y se sentó con el pecho quemado y silbando. y llorando sin fuerzas. sin lágrimas. no había más nada de su cuerpo que respondiera a su mente. estaba sola su alma, el cuerpo era otra entidad de la cual ella no tenía control. en una de las vueltas que pegó para ver si lo encontraba, una cámara se acercó a su cara y ella se encontró tapando su identidad pública para que nadie se enterara de esa forma que ella estaba ahí. entonces fue cuando cayó en la cuenta de que tenía que avisar que vivía. pidió un celular y llamó a su mamá. se quedó llorando sola en rivadavia al tresmiluno. esperando. esperando.
el resto es historia: internada un día y medio, a la Florencia de 19 años se le infiltró el suero, se mareó, se quería sacar el oxígeno, vió pilas de muertos, escuchó gritos de familiares, esperó por saber de la vida de él. se enteró que vivía a las cinco de la mañana del viernes. con esa noticia, revivió ella.

pero lo que nadie, nadie, nadie sabe es que esa Florencia se quedó ahí. ahí tiradita en el piso, con sus 19 años y su novio al lado. pensando que iba a pasar toda la gente y después ella se iba a levantar e iba a salir ella. se iba a bancar todas las pisadas en su cuerpo, pero no iba a salir sin él. se iba a rendir en ese piso mojado, pero no iba a salir sola aunque quisiera. su cuerpo ya no le respondía. o capaz la encuentran en bartolomé mitre 3060, afuera, mojándose el pelo. capaz la encuentran con sus dos colitas y sus calzas. y su remera desabrigada y todavía sin teñir por el humo. capaz la encuentran sonriendo en la petrobrás, tomando algo con su novio. esperando por el final que no esperaba. esa Florencia vive o murió en esa calle por la que ahora no transita nadie más que los que ahí quedaron. esa Florencia quedó. y cuando esos brazos heroicos y anónimos la tomaron de las manos y los pies, ahí nació otra Florencia. otra que ahora tiene 23 años, que se recibió de Publicitaria. que trabaja. que se separó y formó otras parejas. que camina todos los días sonriendo al sol. que respira cada día un arcoiris diferente. que ahora mismo está escribiendo esto. otra Florencia nació. y habrá una que siempre quedará vagando por la calle de cromañón, esperando que las verdades salgan, junto con ella, a la luz.

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palabras que duelen

dolores que palabran

silencios que se meten

metida en el silencio

brazos que me abrazan a la fuerza

fuerzas me separan de ese abrazo

buscar lugares y no encontrarlo

perderlo, o jamás haberlo visto

que no se muestre

nunca. nunca.

que no sepa lo que es. jamás.

cuántas materias faltan rendir en la escuela del amor?